Extraído parcialmente de la revista Candelario Nº 26

Escrito por el Capitán de Fragata Pascual Antonio Quevedo

Un 24 de agosto de 1833 nació en Carmen de Patagones, Don Luis Piedra Buena.

A partir de muy temprana edad, el niño quiso ser marino e imitar a los hombres que en sus veleros o gloriosos corsarios, supieron defender la tierra en la cual había nacido. Comenzó dando forma a su vocación construyendo barquichuelos de juguetes, balsas – en las cuales se embarcaba desapareciendo por varios días de su casa- y hasta una “piragua llevando un poncho como vela y una pala como remo”.

Corría el año 1847 cuando tocó el puerto de Patagones un barco ballenero al mando del Capitán Smiley “uno de los pilotos más experimentados de la marina de los Estados Unidos” a quien se lo llamaba el cónsul de los mares. A este marino de trato paternal y magnífica pericia profesional, los esposos Piedra Buena entregaron a su hijo que ya iba cumplir 14  años de edad. A su alma generosa y a sus hábiles manos encomendaron la misión de transformar al jovencito en el más marino de los marinos argentinos. Y así fue.

Piedra Buena, recorre las costas patagónicas en innumerables expediciones de reconocimiento y socorro. Se había instalado con su esposa en la isla Pavón (en la desembocadura del Rio Santa Cruz) con un comercio de Ramos Generales.

Para 1860 resuelve construir en la Isla de los Estados una casilla para que los náufragos que alcanzaran sus costas hallaran abrigo y alimentos. Dejó dos hombres para que prestaran los servicios necesarios a los pobres desdichados que arribasen a esas playas y levantó un mástil para la bandera de sus amores que mojada, fría y deshilachada, batiría permanentemente sus franjas en las brumas de los mares australes. No conforme con ello, en unas de sus frecuentes navegaciones y cacerías, labró en la piedra de uno de los acantilados de Cabo de Hornos:

“Aquí termina el dominio

De la República Argentina.

En la isla de los Estados (Puerto Cook)

Se socorre a los náufragos”

“Nancy” – 1863

Capitán LUIS PIEDRA BUENA

En febrero de 1873, Piedra  Buena zarpó de Punta Arenas rumbo a la Isla de los Estados. Tenía proyectado instalar allí una fábrica de aceite de pingüino.

Al llegar estalló un temporal con vientos huracanados, chubascos de nieve y granizo y un frío que congelaba las manos. Su bergantín fue varado en la playa para defenderlo de los vientos huracanados. La medida no surtió el efecto deseado ya que los recios golpes de mar mandaron a pique la nave.

El desánimo se apoderó de la tripulación ya que todos conocían que en esos lugares otras expediciones en condiciones similares se murieron de hambre. Pero Piedra Buena con su energía habitual supo levantarles la moral y en un improvisado astillero y con escasísimas herramientas construyó  un hermoso cúter de 11 metros de largo y sobre su cubierta llegó a Punta Arenas unos meses después. Los pobladores corrieron  a la playa a admirar al pequeño buque salvador, cuya construcción es una verdadera hazaña en la historia naval argentina que dicho sea de paso, fue bautizado como el  “LUISITO”, en honor a su pequeño hijo, quien había fallecido siendo muy niño.

Piedra Buena continúo toda su vida con su incesante tarea de rescate y ayuda a la navegación en las costas patagónicas, labor que fue reconocida mundialmente, tal vez en mayor medida que en nuestro propio país. Pero tantos años de vida dura y sacrificios fue dañando su salud. De regreso a Buenos Aires luego de su última expedición al sur, su físico corpulento se encontraba enfermo y maltrecho.

El prócer patagónico comenzaba a vivir sus últimos días. Estaba asistido por su suegra que lo llenó de cariño y junto a sus tres hijos, Ana, María Celestina y Luis.

Un terrible dolor lo iba consumiendo; pero Piedra Buena se mantuvo sereno y lleno de entereza como cuando desde la proa de sus naves enfrentaba las furiosas tormentas de los mares australes.

El 10 de Agosto de 1883, a las 20:45 hs, moría -con 50 años recién cumplidos- en la ciudad de Buenos Aires.

             Un diario de la época estampó una frase que define al hombre y al patriota que hubo en él, en forma clara y terminante:

“HA MUERTO DON LUIS PIEDRA BUENA, POBRE, COMO MUEREN LOS FIELES SERVIDORES DE LA PATRIA”. 

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