Sus principios y orígenes en reclamos justos

Hace años ha habido un gran avance en los derechos políticos y civiles de las minorías. Diversos sectores sociales se han manifestado en distintos lugares del mundo reclamando participación política en diversos continentes. Desde la primavera árabe del 2011, pasando por el movimiento ME TOO, hasta el BLACK LIVES MATTER en el 2020.

Diversas causas nobles que han nacido de una crítica a las exclusiones sociales y que encarnaban fines nobles han visto sus filas engrosadas de militancia comprometida.  Sin embargo, más allá de la justicia de los reclamos, algunos sectores han ido transformando estas génesis justas en posiciones que poco a poco se han vuelto cada vez más radicalizadas y han tenido una serie de efectos secundarios indeseados para quienes reclamaban por los resortes inclusivos.

Me Too Movement (Ni una Menos)

El extremismo de estas posturas ha desbordado los movimientos originales y ha producido manifestaciones sociales cuya temperatura fue en aumento, derivando en una serie de militancias que, en algunos casos, se han manifestado de formas violentas que han terminado deformando, a vistas de las diferentes sociedades, los reclamos originarios de inclusión para pasar a ser imperativos políticos.

En el medio del proceso se gestó una serie de representaciones sociales que han establecido algunos parámetros que marcaban lo que era o no políticamente correcto. Las injusticias en las exclusiones, el rechazo al maltrato, el respeto al otro, son detectables a partir de una serie de expresiones que varían de sociedad en sociedad y comienzan a formar parte de la lógica de lo políticamente correcto.

Si bien, a simple vista, el imperio de lo políticamente correcto ayuda a mitigar los desbalances que pueden originar malas interpretaciones; su imposición no significa necesariamente que su utilización erradique las prácticas que subyacen al diálogo social. Esto es: ser políticamente correctos no es suficiente para demostrar que las manifestaciones que pueden discriminar a los otros no existen, sino que, mas bien, suelen ocultarlas por no presentarse como visibles. En ello termina radicando la doble función de la corrección: por un lado, no manifiesta algo concreto, por el otro, sirve para ocultar un contenido real o potencial.

En esta dinámica suelen encorsetarse varios conflictos sociales que suelen ser invisibilizados bajo el manto de dicha corrección. Para el caso de los reclamos originales (a los cuales hacíamos referencia en el principio del texto), los sistemas sociales o, mejor dicho, las sociedades, suelen encontrar con rapidez un reacomodamiento relativamente veloz que ayuda a acercar las aguas en las divisiones sociales.

Los cambios mentales suelen ser de una dinámica caracterizada por la lentitud. Mientras los hechos pasan con rapidez avasallante (sobre todo si se manifiestan con fuerza), las mentalidades van, indefectiblemente, marchando más despacio.  Un término medio en estos conflictos suele estar contenido en el cambio de vocabulario y en el plano del discurso, de la palabra, que muestra sus aristas de superficialidad conciliadora.  Es más fácil y útil ser políticamente correcto en el idioma (la apariencia de significados) que en la realidad del pensamiento y la acción que se reprime (lo real y profundo).

Como ejemplo de esta afirmación puedo citar al menos un ejemplo de cada movimiento o manifestación a las que hacía referencia al principio.  En el mundo árabe hubo un cambio importante hacia el adentro y hacia el afuera con respecto a la posición real del lenguaje que se refiere a las mujeres en su sistema social. De hecho, varias versiones de El Corán hablan de golpear la mujer aclarando en sus traducciones para el español y el inglés que es de forma simbólica. Sin embargo, el aumento de la radicalización del Islam en algunas sociedades nunca generó tanta esclavitud sexual como con el avance del ISIS y su posterior repliegue silencioso.

En el caso del ME TOO y su versión argentina de NI UNA MENOS ha generado un cambio político significativo que se ha comenzado a manifestar tanto en las políticas de estado como en el lenguaje cuidado de una parte de la sociedad.  Sin embargo, el feminismo radical, la imposición de la ESI en las escuelas y algunas militancias violentas han generado una realidad en la que, de la mano de una serie de concesiones y financiamientos direccionados, los números reales de la violencia hacia las mujeres y los femicidios no han cesado, sino aumentado. Junto con ello se tienden a invisibilizar los infanticidios y la violencia hacia los hombres porque denunciarlos significa socialmente ser funcional al patriarcado.

Black Lives Matter

El movimiento BLACK LIVES MATTER, resignificado por el asesinato del George Floyd (un hombre negro), en manos de un policía (blanco); ha producido una serie de revueltas y apoyo de personalidades, famosos y deportistas que se han arrodillado simbólicamente para pedir perdón por el maltrato a los negros. Sin embargo, la trascendencia del hecho no ha contribuido a disminuir el racismo ni mucho menos. De hecho, en Argentina, Walter Ceferino Nadal fue matado por un policía tucumano a las pocas semanas de la misma manera y repitiendo las mismas palabras antes de morir. Casi todos los políticos argentinos y hasta el mismo presidente de la Nación criticaron la acción policial que sufrió Floyd, pero todos callaron cuando sucedió lo mismo en tierra propia.

La corrección política triunfa en las formas y en el idioma, pero la realidad es que la injusticia se toma revancha en la realidad. Y ello porque no hablamos de la imposición del pensamiento políticamente correcto de una minoría sobrerrepresentada que, luego de haber conquistado espacios de poder a fuerza de presiones, se arroga los resortes de la ética.

Pero sobre la política de la cancelación tratará la próxima nota…

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