La masacre de Rincón Bomba y los límites del derecho de los pueblos originarios.[i]

Por Bruno Sancci


Mientras los medios proponen la discusión de si Facundo Astudillo Castro es el Santiago Maldonado del kirchnerismo o el gobierno le echa la culpa a los manifestantes del 17 de agosto de los casos de Covid-19 que surgirían a futuro, la misma cuarentena tapó la noticia de nada más y nada menos que la oficialización de un crimen de lesa humanidad que casi nadie reclama, la prensa no difunde, el gobierno oculta debajo de la alfombra y los políticos no se animan a ponerle el cascabel al gato.

Transcurría el mes de octubre de 1947 y miles de pilagá se comenzaron a reunir cerca de lo que hoy es la localidad de Las Lomitas, en Formosa, que por aquella época era Territorio Nacional. Los aborígenes, que volvían de los ingenios azucareros en los cuales trabajaban en un régimen de semiesclavitud, engañados, desposeídos de identidad y jerarquía humana reconocida por el Estado Nacional, acudían a visitar a un sanador llamado Tonkiet, quien curaba y evangelizaba con la Biblia en mano.

A pocos metros se encontraba establecido el Batallón 18 de Gendarmería Nacional. Los gendarmes comenzaron a alarmarse al ver a las familias ocupando el lugar; algunos dicen que se llegaron a juntar 4.000 personas, otros 6.000. Pidieron ayuda a la Capital temiendo que las cosas pasen a mayores.

De Buenos Aires se mandaron tres vagones de tren con ropas y alimentos.

Tal vez fue la desidia, el descuido o el envenenamiento de los alimentos con Gamexane que hizo que muchos se enfermaran y murieran. El reclamo creció y los gendarmes intentaron desalojar el lugar. Los pilagá se habían juntado en una vieja bomba de agua. No se iban.

El 10 de octubre la gendarmería abrió fuego con artillería pesada, ametralladoras y fusiles sobre las familias indefensas. El pánico cundió y los sobrevivientes se dispersaron en varias direcciones, monte adentro y se los comenzó a perseguir. La cacería duró un par de semanas.

Era época de sequía. Si bien los pilagá eran baqueanos, les resultaba difícil proveerse de agua y buscar alimentos. Los gendarmes los iban persiguiendo y consiguieron rodear a varios grupos. Generalmente los mataban a tiros o los quemaban vivos. A las jóvenes las violaban, a los chicos los ejecutaban.

Con el ánimo de no perder la ventaja sobre el terreno, solicitaron al gobierno peronista la ayuda de un avión.

Estaba a mano un Junkers 52, matrícula T153, la versión militar del avión preferido de Adolf Hitler, de tres motores con 750 caballos de potencia cada uno, versátil, con buena capacidad de carga, los mismos que usaron para bombardear Guernica. Se le sacó la puerta y se le instaló una ametralladora Colt con munición 765. Perón mandó a parar el “malón” que había reportado el Estado a los medios de comunicación. Ese 17 de octubre se festejó a balazos contra familias desarmadas.

La cacería se extendió hasta fin de mes. No se sabe cuántos murieron, pero basados sólo en datos oficiales, se calcula que entre muertos y desaparecidos unos 700, sumaron en unos días la mitad de lo que Roca mató en toda sucampaña(1.300 lanzas, aproximadamente, según Argentina Indymedia, http://www.mapuche.info/indgen/indymedia040825.html).

Los sobrevivientes fueron mandados a trabajar a unas reservas muy parecidas a los campos de concentración nazis, aunque sin tantas comodidades edilicias.

Durante años y décadas los gobiernos argentinos se callaron la boca.

La comunidad pilagá presentó una demanda en el año 2005. Una joven documentalista, Valeria Mapelman escribió un libro y realizó dos trabajos audiovisuales denunciando el genocidio, entrevistó a víctimas y sobrevivientes. Hubo algunos artículos más. A pesar de la resonancia que podría tener el hecho, muy pocos se enteraron. Los políticos brindaron un silencio cómplice, los intelectuales miraron para otro lado.

La causa prosperó. La justicia exhumó decenas de cuerpos, revisó los documentos oficiales, aceptó algunas de las pruebas mostradas por Mapelman y la comunidad pilagá. Otras no. A pesar de todo, en julio de 2019, un juez determinó, en primera instancia, que el Estado cometió un crimen de lesa humanidad. La sentencia fue ratificada por la Cámara Federal de Apelaciones de Resistencia el 26 de febrero de 2020 y se reconoció el crimen como genocidio.

El Estado cometió ese crimen. El genocidio es del gobierno peronista, quien sólo reconoció el derecho de los pilagá a tener un documento de identidad en el año 1953. Pero nadie habla de eso.

Los documentos son claros, se sabe el nombre de los perpetradores, de los que mandaron y coordinaron las acciones, de los que apretaron el gatillo, de los que ocultaron los hechos. Todos quedaron impunes.

Los pilagá no gozaron de los derechos de los desaparecidos de la década del 70 y el 80. A diferencia de las víctimas de la última dictadura, sus familiares no tienen derecho a comprar dólares sin el impuesto país y remitirlos al exterior. Poco vale hoy para el gobierno la vida de un pilagá masacrado. En lo que refiere al reparto de las tierras, aún no se sabe nada, ya que la justicia no se pronunció al respecto.

A los miembros de la comunidad les ofrecieron 12 becas terciarias de $12.500 por mes y 30 de $ 6,250 para la escolaridad de los pequeños. Se obliga al Estado a invertir unos 75.000.000 de pesos en infraestructura, una bicoca para el Estado (5 millones más de los que ofrece Carpintero por la causa “revelación”). Los pibes no pueden usar las becas, la cuarentena los dejó sin clases este año.

Rosas mató más aborígenes que Roca (unos 3.200). Casi nadie lo plantea. Roca fue la mano armada de Avellaneda, quien era el presidente. Perón mandó a ametrallar desde el aire a los Pilagá y fue más eficiente que el mismo Roca. No es discurso político ni histórico. Lo comprobó la justicia, pero nadie le saca el nombre a las calles.

Algunos medios dieron la noticia al inicio de la cuarentena. No trascendió. Parece que a nadie le conviene… o no le importa.

El avión utilizado para la masacre. JU 52 matrícula T-153.

Ante la solicitud de mostrar documentación sobre estos hechos, se citan algunos sites de internet en el cual es posible acceder a los documentales, los testimonios y el fallo judicial. Pruebas no faltan:

Fallo sobre la masacre del juez Fernando Carbajal, Julio de 2019 https://fislem.org/wp-content/uploads/2019/07/Fallo-Rinco%CC%81n-Bomba.pdf

Curso sobre las masacres de Napalpí y Rincón Bomba, ponencias y materiales:

https://www.argentina.gob.ar/recursos-en-linea/archivos-memorias-y-justicia-las-causas-napalpi-y-la-bomba

Documental sobre la masacre (Valeria Mapelman) https://www.youtube.com/watch?v=IEUqZPBTH1s

La historia en la memoria, Trabajo audiovisual de Valeria Mapelman https://www.youtube.com/watch?v=pToa0zNQyA0

Nota que confirma el genocidio en el tribunal de apelación. https://www.eltribuno.com/salta/nota/2020-3-3-20-11-0-masacre-de-rincon-bomba-confirman-que-se-trato-de-un-genocidio-contra-los-pilaga

Artículo de Hugo Trinchero, LAS MASACRES DEL OLVIDO. NAPALPÍ Y RINCÓN BOMBA EN LA GENEALOGÍA DEL GENOCIDIO Y EL RACISMO DE ESTADO. https://www.redalyc.org/pdf/1808/180813906003.pdf

Entrevista a abogados de los pilagá. https://www.chacodiapordia.com/2019/07/11/masacre-de-rincon-bomba-hubo-un-brazo-ejecutor-que-fue-el-estado-a-traves-de-gendarmeria/

Entrevista a abogada de los pilagá https://www.youtube.com/watch?v=LzoUUvsy5Fw

Sobre el avión utilizado: https://www.xn--lamaanaonline-lkb.com.ar/noticia/30139/la-participacin-del-junkers-t153-de-la-fuerza-area-en-la-masacre/

[i]

Agradezco al Profesor Sergio Facundo Orozco por la revisión del texto. Él me aconsejó utilizar la palabra “indígena” en vez de “aborigen”. Seguramente por temor o advertencia de que mis colegas me critiquen por la terminología utilizada, que no se encuentra avalado desde lo políticamente correcto en nuestro mundo académico. Mi necedad hace que siga utilizando el término aborigen, que según la Real Academia Española es un adjetivo que significa, “Habitante de un lugar, por contraposición al establecido posteriormente en él”.

Sobre el mismo término, en la página del Ministerio de Cultura Argentina, el término aborigen “Tiene dos derivaciones. «Ab»= desde y «Origine»= origen: «desde el origen». «Aborigen» es un término que proviene del latín “ab origine”, que quiere decir «los que viven en un lugar desde el principio o el origen», según la misma fuente, sobre el término “Indígenas” aclara que “En 1492, Colón creyó llegar a las “Indias”, por lo que denominó indios a los/as habitantes del continente americano. El concepto «indígenas» fue aceptado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1989, intentando dar uniformidad a las personas y olvidando la diferenciación”. He escuchado a docentes de Historia de mi universidad afirmar que ab, significada sin, por lo cual se trataría de gente sin origen, pero bueno, en la carrera tampoco hemos estudiado latín.  “ https://www.cultura.gob.ar/aborigenes-indigenas-originarios-a-que-refiere-cada-termino_6293/

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